ALARMA
Al
arma. Era el grito del vigía, cuando detectaba peligro y prevenía a
los descuidados a estar atentos ante el peligro. Su generalización,
alarma, se ha convertido en el aviso de peligro inminente, y el ébola
en Europa es una señal de alarma, no por el hecho de haberse
producido un caso de contagio sino porque el contagio ha sido
introducido como un factor de miedo, con el fin de atemorizar a la
ciudadanía.
En
apuntes anteriores he reseñado los avisos sobre la posibilidad de
epidemias esparcidas como medio de debilitar a las poblaciones como
medio de controlar los estallidos de protestas contra las políticas
que los gobiernos están aplicando, en un intento de evitar la auto
organización de los ciudadanos que perciben, con una cotidianidad
desmoralizadora, el insoportable empeoramiento de las condiciones de
vida, pese a los cantos triunfalistas sobre una recuperación, que la
gente corriente no percibe.
Hay
una intención de dañar a las ciudadanías más cultas y preparadas,
y potencialmente, por tanto, más peligrosas, como medio de asegurarse el control
del mundo, por ese uno por ciento mundial que sabe que la situación
actual no puede permanecer sin cambios, mucho más tiempo, del que ya
dura, contemplando la posibilidad de diezmar a la sociedad por medios
de estrategias, aparentemente, blandas, estrategias que comporten
menos peligro y destrucción que una guerra, que siempre disparará
los odios y los resentimientos. Esto, puede pensar el lector, es una
invención sin ninguna base, pues si tuviera un fundamento
comprobable, se sabría, por medios más creíbles que los puedan
merecer estos apuntes.
Sin
embargo, estos apuntes tratan de prevenir a la ciudadanía, poniendo
el dedo en la llaga y en el afán de dotar los apuntes, de un máximo
rigor y coherencia, tratar de relacionar noticias que tienen
importancia estratégica, en campos, como, por ejemplo, la
investigación sobre biología y medicina, que pueden pasar
desapercibidos, pero que para quienes tengan atenta la sensibilidad,
resulta inevitable relacionar tales noticias con fines inconfesables,
aunque siempre son otros, los fines que se dicen. Por ejemplo,
resulta llamativo que este doctor
haya investigado una cepa del agente N1H1
2009, para recrear la cepa de la gripe de 1918,
modificandola para escapar a cualquier posibilidad de cura, lo que
querría decir que la investigación por la investigación ha de
estar financiada con algún criterio de utilidad práctica, toda vez,
que cualquier investigación demanda cantidades de dinero para
llevarla a cabo, y si, como digo, la utilidad práctica es nula, la
finalidad no puede ser otra que convertirla en un arma de destrucción
masiva, como cualquier otra arma de última generación.
Abundando
en el tema, tanto el presidente Obama de EEUU, como el primer
ministro, Cameron, por el Reino Unido, en diversas ocasiones han
aludido a extremar las precauciones sobre los contagios, en un
esfuerzo para prevenir pandemias, algo, en principio, loable y
lógico, más cuando el ébola estaba contenido solo en el continente
africano, en zonas muy determinadas, hubiera sido posible erradicar
el virus en el lugar de origen, si el combate contra dicho mal no
hubiese quedado en manos de organizaciones bienintencionadas, pero
carente de medios, como las ongs; hablar de peligro, de
contaminación, resulta un tanto chocante, si las expresiones de
alerta no conllevan medidas prácticas concretas para estar
prevenido. Resulta inevitable que las cosas se desarrollen, de un
cierto modo natural, en que el daño se va expandiendo sin ruido,
subrepticiamente, hasta que, de repente, se nos cuela en la propia
casa y entonces se exclama — ¿cómo ha sucedido? —, pues sucedió
porque hubo una cadena de errores que fue cultivada como algo
que no podía preverse, aunque, lógicamente, era previsible; en
realidad es sibilino y retorcido, pero aquí, no se trata de
intereses estratégicos entre potencias, sino intereses estratégicos
entre clase enfrentadas, en la que una de ellas, tiene toda la
información, todo el poder, y la otra no tiene más que una
información filtrada, y no es consciente de sus intereses de clase.
Los
recortes entrarían en la lógica de eliminar aquellos elementos de
lujo, por tanto, superfluos, y alguien debió considerar como un lujo
superfluo una unidad de infecciosos para control de enfermedades
tropicales, como la que había en el hospital Carlos III, de la
Comunidad de Madrid, de cuyo consejero de sanidad, partió la
decisión de su desmantelamiento. Lo demás es sobradamente conocido,
incluida una ministra incapaz, de la que la prensa corriente da
puntual información, sin embargo, el asunto no esta en enrollarse
con lo mal que lo hacen, sino que esta contaminación, como otro caso
ocurrido en Estados
Unidos, Tejas, donde un ciudadano anduvo infestado,
estriba en que tales manejos forman el entramado blando de la
lucha de clases, sin que los partidos y sindicatos obreros,
relacionen una y otra cosa, porque no es correcto en el entendimiento
político; el uno por ciento que posee la práctica totalidad del
mundo, porque este es su escenario, y eso lo convierte en su
propiedad, de hecho, de tal modo, que esa poderosísima élite, sabe
que la muy compleja sociedad actual no puede funcionar a la buena de
Dios, y prepara el terreno para controlar la situación, a la que una
sociedad como la actual, está abocada, cuando el colapso previsible,
se produzca, como anuncia un informe de la NASA,
comentado por estos medios, cuyos enlaces dejo, para que el
lector saque las
conclusiones que mejor le cuadren, y que, en mi
modesto parecer, ocurrirá porque las cadenas de errores forman parte
de ese comportamiento extendido que consiste en pensar — esto no
puede ocurrir aquí —, hasta que ocurre, y entonces te das cuenta
que no puede ocurrir tal cadena de despropósitos, más que sí se
hace dejación de las tareas de previsión, que son competencia de la
gobernanza, que previó un comportamiento natural, y por tanto,
letal.
Este
es el significado del agotamiento del modo de producción de
mercancías. Un modo de producción basado en la obtención del
beneficio privado, a cualquier precio, y que en el transcurso del
proceso histórico, la clase dirigente se ha especializado en la dos
únicas mercancías que solo la élite maneja, dinero y armas. Todo
lo demás es accesorio, y si no se entiende con esta perspectiva, no
hay posibilidad de solución, porque la sociedad siempre estará
frenada por los jerifaltes que minimizan los daños que sufre el
pueblo llano, la ciudadanía, que es fuente de legitimidad, pero no
hace valer sus derechos.
La
ciudadanía debe exigir responsabilidades, con los partidos de
izquierdas a la cabeza, empezando por la dimisión de la cúpula del
ministerio de sanidad, y la consejería de sanidad de la Comundad de
Madrid, cuya sobriedad administrativa llevó al desmantelamiento de
la única unidad especializada en la capital del Estado. El tema
tiene la suficiente enjundia como para plantearle al gobierno, la
necesidad de su dimisión y la convocatoria de elecciones
anticipadas, pero esto, seguro que es pedir demasiado.
jmrmesas
diez
de octubre de dos mil catorce
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