DE JUECES Y SINDICATOS
LA REPETICIÓN COMO
PEDAGOGÍA
Repetir, repetir y
repetir es un viejo y conocido método para grabar en la memoria
cualquier cosa que quieras recordar o quieran que recordemos de
manera indeleble, imborrable; este antiquísimo método se emplea
profusamente, en los más variados ámbitos, lo emplea el capital
financiero internacional, las 147 empresas transnacionales, entre las
que están todos los grandes bancos sistémicos, que les dice a sus
gobiernos que hagan recortes porque el estado de bienestar -el
welfare state- es insoportable y hay que hacer recortes, y sus
gobiernos nos lo repiten machaconamente, porque siempre habrá una
parte de la población, que se lo creerá, nos lo repiten los
publicistas cuando quieren que compremos el último móvil, que menos
dinero, que te quita, te lo da todo; cuando quieren que compres el
nuevo detergente o cualquier chuchería, que sacarán los últimos
euros que tengas ahorrados, porque el destino del dinero es el
mercado para pasar a través del banco a un paraíso fiscal, donde
ellos lo dedicarán a la especulación, que es la forma de producción
del capital financiero internacional, para tener al trabajador a la
ciudadanía, bien cogido, porque así lo dominan, por eso, la
repetición es un importante método pedagógico, para grabar en la
memoria ciertos temas que, ellos, quieren que aceptemos y nos
creamos.
No es baladí el hecho
que desde periódicos y tertulias, y sobretodo, los políticos de la
derecha no paren de hablar para culpabilizar a los sindicatos y a los
propios trabajadores de la ruina a la que, el capital financiero
internacional, el cartel de las 147 multinacionales, nos aboca, y esa
repetición, día tras día, escupida, vomitada, en periódicos,
tertulias y por políticos burgueses, da sus negros y contaminantes
frutos, porque cuando escuchas hablar a esa clase media,
-trabajadores que aún conservan cierto desahogo, porque la crisis
les está rozando suavemente- su bestia negra son los
sindicatos, o más peregrino aún, resulta que la farmacia
hospitalaria se ha encarecido porque él, ella, conoce
a una enfermera que se lleva las compresas a su casa, o que un
médico ha cogido unas aspirinas, y este hecho puntual se
generaliza, y así resulta que si una empresa va mal, la culpa es
de los sindicatos, de las centrales, y ninguno se para a
pensar en semejante disparate, ninguno se le ocurre pensar en el
dinero que los banqueros y empresarios del ibex 35 sacan a los
paraísos fiscales, para no pagar impuestos a Hacienda, porque, ya se
sabe, hacienda somos todos, pero unos somos más y otros no
son nada, y este resultado, de este tipo de repetición, cala,
permea, porque la batalla ideológica, ha desaparecido de
las filas de la izquierda, empeñada en el parlamentarismo, que
solo sirve para producir la maraña legal que permite el increíble y
desigual reparto de la riqueza, para cubrir con un barniz de
legalidad el robo, el expolio de la burguesía.
Estamos confrontados a
una batalla decisiva, y en esta batalla, la burguesía pone en
tensión todas sus fuerzas, todas sus opciones, todas sus huestes,
confesables e inconfesables, y entre ellas, los jueces son una de sus
opciones, porque la judicatura se nutre mayoritariamente de elementos
procedentes de ambientes conservadores, y en no pocos casos, de
personas cuyas familias y estatus tienen una vinculación
determinante con el bando vencedor, y cuyas preferencias, pulsiones,
les hace más o menos selectivo según provenga el delincuente; los
jueces, personas, a fin de cuentas, están sujetas a los mismos
sentimientos que el común de los mortales; recuerdo una película
francesa, que retrata el ambiente de la judicatura gala en la época
de la ocupación nazi, la vi hace años y no recuerdo quien la
dirigió, pero la trama es que los jueces dictan sentencias imbuidos
de no disgustar al ocupante nazi, porque ellos, jueces, personas, se
cuidan de salvar su pellejo sin entrar en conflicto con el ocupante,
como todos, y eso era así, entonces y es así, ahora, por lo tanto,
los jueces tienen sus preferencias, su visceralidad, sus motivos para
poner su énfasis en este o en aquel, y esto es posible que se esté
desarrollando, en Andalucía respecto al caso de los eres -E.R.E.-, y
de los sindicalistas implicados, por lo tanto, sus
compañeros de la UGT no aciertan abucheando a una jueza, Alaya,
que tendrá o no sus particulares pulsiones hacia la izquierda,
pero toda la visceralidad justiciera de los
magistrados, se la tendrían que tragar, por mucho que
quisieran escupirla, si no tuvieran donde pillar, y el
caso, desgraciado caso, es que pillan, agarran, porque
existe una parte corrupta que las centrales sindicales tienen que
limpiar, y
no valen las explicaciones de
los dirigentes, porque la realidad, los testarudos hechos
cotidianos demuestran que las centrales sindicales, en España, pero
también, de forma genérica, en el resto del mundo, no cumplen
con su tarea reivindicativa, porque el uno por ciento
posee la mitad de la propiedad del mundo, y esto ha sucedido y
sigue sucediendo porque se ha abandonado la lucha reivindicativa e
ideológica, y afanados, la burocracia sindical en ser
responsables, de dar una imagen, que pudiera ser vendible
socialmente, presentable, acorde con los procesos de negociación,
es decir, acudir a las negociaciones convencidos de la idea de poder
discutir con la patronal de tu a tu, porque tienen respuestas a sus
cifras amañadas y conocen sus triquiñuelas, en vez de poner sobre
la mesa, las reivindicaciones y la fuerza, esos dirigentes, esos
métodos han sido los responsables de la paz social que
hemos tenido, hasta aquí, mientras la lenta carcoma del
parlamentarismo burgués construía la base legal del proceso de
rapiña de los mercados, se desproveía a la ciudadanía
de las conquistas sociales conseguidas a fuerza de sacrificio, mucha
lucha obrera, a veces sangrienta, para segurar una sanidad pública,
implementada con los medios materiales públicos, una enseñanza
pública, siempre recortada, derechos y libertades, ahora, cada vez
más reducidas, más vigilada, mientras el capital financiero vaciaba
las empresas descapitalizandolas, volcando los dineros en los
paraísos fiscales, esos métodos sindicales desmovilizan a la clase
obrera, porque no se trata de mandar a las negociaciones a finos
universitarios que miden sus conocimientos con la patronal, se trata
de plantear las reivindicaciones necesarias para que la calidad de
vida y trabajo de los obreros no terminen como en Bangladesh,
convertidas y convertidos en combustible de una enorme pira que
alimenta la voracidad de los mercados,
no se puede convocar una manifestación contra la
reforma laboral para gritar vanalidades, -que se metan por el culo
la reforma laboral- las consignas son objetivos a conseguir y los
objetivos a conseguir, cuando la automatización del trabajo es cada
vez mayor, y el trabajo, cada vez más especializado y necesitado de
mayor cualificación profesional son, escala móvil de horas de
trabajo, escala móvil de salarios, exigencia de cursos de formación
dentro de la jornada laboral, es la elaboración de una base de datos
sindical, en la que se demuestre el expolio de los trabajadores y de
la ciudadanía a manos del capital financiero, y eso, claro está,
haría pedazos esa imagen presentable del sindicalismo
negociador.
Acabar
con el estado de bienestar
es el objetivo que se ha fijado el cartel de las 147 multinacionales
que controlan la economía del mundo, y Draghi, el presidente del BCE
es el dinamitero encargado de exigir de los gobiernos europeos, mano
dura y no cejar en los recortes, y aquí, el silencio es mortal, por
lo tanto, este objetivo de los mercados es
el que hay que repetir,
la ciudadanía tiene que apercibirse de que existe un complot
internacional del capitalismo para acabar con un modo de vida que
ellos consideran peligroso para el sistema, y los sindicatos, la
izquierda europea, todos aquellos con un mínimo de sensibilidad y
sentido común, tienen que explicar esto a un ciudadanía indefensa y
intoxicada por la propaganda burguesa, porque si el cartel de las 147
transnacionales consiguiera, el objetivo, Europa, la avanzada de la
ciudadanía mundial, estaría cavando la trinchera de una próxima
guerra devastora, y eso sería imperdonable.
No
se trata de abuchear a los jueces, se trata de desmontar ese complot
internacional contra los trabajadores, contra la ciudadanía, porque
el capital financiero internacional está fabricando las pruebas para
demostrar sus razones, y si pudo ser capaz de demoler las torres
gemelas, en su propio santuario, cómo no va ser capaz de fabricar,
las que hagan falta, para mantener un sistema de producción
obsoleto, que solo sirve a
menos del uno por ciento.
jmrmesas
veinte de octubre de dos
mil trece
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